Fernando Verdasco, su historia

La vida de Fernando Verdasco Carmona ha estado muy vinculada al mundo del tenis desde pequeño. Aún no sabía andar y ya se pasaba horas y horas cerca de una pista ubicada en las instalaciones de un restaurante familiar. Era tal el apego que le tenía a dicha emplazamiento, la atracción que sentía por el ruido de las bolas o el tacto de la pista, que cuando se alejaba de ella rompía a llorar. Verdasco había nacido con una raqueta bajo el brazo y estaba dispuesto a demostrarlo en cuanto le dejaran. Su destreza empezó a constatarse a los dos añitos. Mientras que a algunos niños a esa edad les cuesta coger la empuñadura, Fer, como le han llamado desde pequeño en casa, ya conseguía pasar la bola al otro lado de la red; mientras que la mayoría de los niños se entretienen viendo en la tele dibujos animados, él prefería quedarse pasmado con partidos de tenis, sobre todo de McEnroe, mecanismo que su abuela utilizaba para mantenerle tranquilo ante su incipiente trastorno de hiperactividad.
Fue en las pistas de ‘La Cañada’ donde Verdasco asimiló sus primeros conceptos en el tenis, primero visualmente, mirando atentamente los movimientos de todos los que jugaban allí, y después activamente, cuando comenzó a dar clases a los cuatro años. Su primer entrenador se llamaba Charly y después -a los 10 años- pasaría por la escuela de Víctor Laguardia, que al ver el potencial que tenía decidió apuntarle a la liga de Madrid. El siguiente preparador en coger la tutela de Fernando fue Feliciano López, pero no su amigo del alma, sino el padre de éste. Estaba en plena adolescencia y ya empezaba a mostrar grandes dosis de competitivad en todo lo que hacía, así como un punto de inconsistencia que ha terminado de depurar tras la final de la Copa Davis. Su primer gran triunfo fue un Campeonato de España cadete y sus primeros puntos ATP, durante un circuito de la ITF en Madrid. ¿Sabéis quién fue el adversario que le apeó del torneo? ¡Feliciano López! Fer y Feli se vieron las caras en semifinales y Verdasco salió perdedor.

Sin embargo, su gran actuación no pasó inadvertida para Juan Avendaño, uno de los entrenadores más prestigiosos de España, que le reclamó para el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat. Allí se encontraban la mayores perlas del tenis español y era una buena forma de medir sus posibilidades reales. Pero Fer estaba demasiado apegado a su entorno y a su dinámica de vida, por lo que decidió regresar a casa. Y de Madrid, al cielo. Ganó su primer torneo en Castellón y su primer Challenger en El Espinar, en 2002, donde compitió gracias a una invitación de Pedro Muñoz, por entonces presidente de la Federación madrileña. Y es que Fer siempre ha sido un joven muy familiar, que ha necesitado sentirse cerca de los suyos para rendir -su padres y su amigo Claudio le acompañan a casi todos los torneos- Por eso le debe tanto a Olga, su madre; José, su padre; y sus hermanas Sara y Ana, de 23 y 11 años respectivamente.






















